Decirle lo que sientes a alguien no es fácil. Y menos si es algo fuerte, algo como el amor. Es cierto que cuando piensas en él, o en ella, sientes un cosquilleo, algo que te renueva por dentro. Algo mágico.
Bien, tienes dos caminos a seguir:

a) Hacer que el cosquilleo vaya a más, arriesgándote a perderlo.
b) Conformarte con lo poco que tienes.
Una vez alguien me dijo que la vida, al igual que el amor, es como una partida de póquer. Hay momentos en los que tienes más fichas y estás feliz, otros, en los que apenas tienes y estás triste.
La vida y el amor son así, una partida de póquer. Y, como para todo, hay que arriesgar.
Puedes elegir la opción B, pero estarás reprimiendo un sentimiento y eso nunca es bueno. ¿Eres tímido o tímida? ¡Adelante! Elige esa opción, pero el que avisa no es traidor.
La opción A es la más difícil. Es el camino pedregoso, con baches, dificultades… pero, es el
correcto.
Como ves, en la vida todo es arriesgar.
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Gracias a todos los que ayer se molestaron en mirar mi relato para el concurso.