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20 junio, 2012

III. Este

La ola parece lejana y minúscula, Margot es consciente de que conforme se acerque su tamaño aumentará. Pero ella se siente segura, “yo estaré aquí por si te caes, tu confía en el mar”, le había dicho Tom para que esta se sintiese segura y ella, ingenua, había creído en sus palabras, pero nunca, nunca podías confiar en el mar. Era un lugar maravilloso y lleno de vida, pero también de ira y tempestad. 
El momento llegó y Margot, con todo el valor que llevaba dentro, quiso enfrentarse a Neptuno, desafiar sus aguas y salir airosa. Pero Margot nunca había tenido suerte, y este no era el momento para cambiar la cara de la moneda. Las monedas se hunden en el fondo del mar, no flotan. Margot era una moneda.
Las aguas golpearon con fuerza su cuerpo, su tabla, su vida. Sumergida, Margot observaba el azul intenso y las burbujas que subían hacia la superficie. Era un viaje sin retorno, sin vuelta, y Margot lo sabía bien. Notó como poco a poco el aire le faltaba y el corazón desaceleraba su latido. Pero ella era feliz, había olvidado y dejado atrás todos los problemas, había dejado atrás esa carta causante de su soledad, de su locura, de su fin.

Todavía nos queda un punto cardinal, el Norte, 
el final de esta pequeña historia,
el domingo lo tendréis:)

17 junio, 2012

II.Sur


Aparca el coche apenas a cinco metros de la arena. Hace viento, pero la brisa se agradece a causa del calor. Observa el mar, grande, profundo, precioso. El agua cristalina rozando sus dedos de los pies le producen una placentera sensación de libertad, de confianza.
La playa es grande, la bahía se extiende por lo menos a lo largo de tres kilómetros. Decide caminar, saborear esa tierra que acaba de descubrir.
Cometas en los cielos, castillos de arena, algún que otro surfista que le echa el ojo. Olas. Olas gigantes e imponentes.
-¿Tienes tabla?- Le pregunta un chico al ver que Margot se había quedado absorta contemplando la belleza del lugar.-Venga, anímate, te dejaré una.
-Está bien… será divertido. Gracias…-No sabía su nombre.
-Tom, encantado.
Diez minutos después Margot se encuentra sumida en el agua, que resulta ser de una temperatura templada, muy agradable para el cuerpo. Nada y se intenta montar en la tabla, aún es una principiante, pero nota como la felicidad invade su cuerpo cada vez que cae de la madera.
-Mira, ahí viene una buena, cojamos esa ola.- Le propone Tom.
Margot asiente y confiada se dirige a ella. Qué rápido acabaría el verano ese año.


Pertenece a la serie de 4 relatos "La Rosa de  los vientos"

15 junio, 2012

I.Oeste

Las flores asoman por cada campo verde que el paisaje desea mostrarnos. El Mini Cooper de color rojo avanza por la carretera 36 del estado de Nueva Jersey. Margot asoma la cabeza por la ventanilla bajada, el viento azota su melena castaña y el sol se hace notar en su moreno improvisado por la primavera que acaba de llegar. Sonríe y canta la música de la radio con entusiasmo:
“You can’t always get what you want… but if you try sometimes, you’ll get what you need”.
Margot desvía la mirada hacia la guantera, todavía conserva aquella carta. Quiere huír de esos sentimientos que la hacen llorar, huír del invierno frío que congela sus venas, pero el problema es que es un ciclo, sales del invierno para entrar en la primavera, un aperitivo para el verano, el cual va perdiendo intensidad para regresar una vez más, al otoño y después, al invierno. Al dolor.