El momento llegó
y Margot, con todo el valor que llevaba dentro, quiso enfrentarse a Neptuno,
desafiar sus aguas y salir airosa. Pero Margot nunca había tenido suerte, y
este no era el momento para cambiar la cara de la moneda. Las monedas se hunden
en el fondo del mar, no flotan. Margot era una moneda.
Las
aguas golpearon con fuerza su cuerpo, su tabla, su vida. Sumergida, Margot
observaba el azul intenso y las burbujas que subían hacia la superficie. Era un
viaje sin retorno, sin vuelta, y Margot lo sabía bien. Notó como poco a poco el
aire le faltaba y el corazón desaceleraba su latido. Pero ella era feliz, había
olvidado y dejado atrás todos los problemas, había dejado atrás esa carta
causante de su soledad, de su locura, de su fin.
Todavía nos queda un punto cardinal, el Norte,
el final de esta pequeña historia,
el domingo lo tendréis:)
huuuuuolaaa, que bieeen relatass me encanta, y la sigo, muchos besitos desde;
ResponderEliminarhttp://mercesubidaentacones.blogspot.com.es/
te espero
El mar es difícil de dominar, más de vencer. No es bueno desafiarlo. (yo le tengo algo de miedo -.-)
ResponderEliminarAl menos le ha ayudado a olvidar.
Me gusta, esperaré el último. Besos-
Pero Tom estaba ahí para acudir a su rescate, ¿verdad? Dime que sí :(
ResponderEliminarSe acercan sorpresas desde el Norte, estoy seguro :)
¡Un beso!
No siempre huir es la mejor salir, a veces hay que enfrentarse a ello, igual que hace el mar a través de sus olas, derribando tood aquello que se interpone en su camino.
ResponderEliminarUn beso enorme :)
Es que el surf es algo serio, una forma de vida. Aunque parece que Margot lo que pretende es entregarse a los fríos brazos del mar.
ResponderEliminarEl mar es el mejor sitio del mundo. Tal vez porque el humano todavía no lo ha conquistado.
ResponderEliminarYo es que ya no sé qué decirte, 'pequeña' J.
ResponderEliminarQue se me encoge el corazón con tus palabras y que sólo quiero leer más de lo que escribes.
Besos de parte de Pe :)
Se me ha encogido el corazón. Siempre me ha dado miedo el mar, mucho. Un respeto absoluto y al mismo tiempo una paz infinita. Yo, a diferencia de Margot, nunca he sido capaz de enfrentarme a Neptuno, solo me he atrevido a jugar entre sus manos. Pero creo, que simplemente por el valor que ha demostrado, el mar se apiadará de ella y pedirá al cielo un ángel para que vaya en su búsqueda.
ResponderEliminarApuesto a que Tom nunca será capaz de soltarle la mano.
Precioso. Enhorabuena.
(miaus de agua y sal)