Charlotte creía que sería diferente,
creía que el latir acelerado que antes la descolocaba al estar frente a él
volvería a aparecer, pero en su lugar había un vacío profundo que jamás podría
volver a ser llenado por aquel cuyo nombre un día bebió sin permiso.
Él le había hecho daño y los rasguños
no se olvidan con palabras susurradas al oído que una vez más podrían volver a
arañar.
-¿Qué te pasa, Charlie? Ya no sonríes como
solías sonreírme.
-¿Lo oyes?
-¿Qué debería oír? Aquí estamos solo
tú y yo.- Dijo enfatizando esos dos pronombres personales. Charlotte no
volvería a caer en sus juegos, no se lo perdonaría.
-No hay nada que oír, te lo llevaste
todo y ahora solo hay silencio.