Voy camino a la estación y tú no sabes nada. Ya has retirado el billete de las máquinas amarillas que asoman al pie del andén. El cielo encapotado parece volverse más gris y unas gotas comienzan a caer sobre nuestras cabezas. Te observo pero rehuyes esa sensación que te obliga a buscar mi mirada.
Has llorado, tu rostro se ve aguado y no, no es por la lluvia.
Mi corazón se romperá en pedazos si coges ese tren, mi vida acabará en el momento en que tu vagón desaparezca en la distancia.
-¡Daaaaaave!
Y entonces te giras. Te sorprende que esté allí con un par de maletas y un halo de esperanza rodeando mi cuerpo.
-Rose...¿Qué... que haces aquí? Yo... sabes que no puedo quedarme...
-He venido para irme, para irnos... juntos.
El tren salió exactamente a las 09.12, llevaba en él a dos enamorados. El destino creía haberlos separado, era sólo el comienzo.