-No llores-
te decía.
Pero tu
llorabas. Llorabas cada vez que me veías porque sabías la verdad. Tus lágrimas
caían frágiles por el rostro manchado por la pólvora de las balas que tantas
veces te habían atravesado el alma.
-Te irás,
siempre lo haces.- añadías siempre.
Y yo,
cobarde, le besaba por no querer aceptar la realidad.
Hay que aceptar siempre la realidad, y más cuando es una realidad que no solo nos afecta a nosotros, si no a los que tenemos alrededor, a gente que queremos. Cuanto antes aceptemos todo eso, antes admitiremos que en un futuro podremos hacer daño a dicha persona y poco a poco el dolor debería de remitir, a fin de cuentas, saber el futuro sólo implica dolor en el presente.
ResponderEliminarMuy buena entrada,
un abrazo grande.
Muchas veces, la realidad no está dentro de la lista de cosas a las que queremos enfrentarnos, pero a veces no tenemos más remedio. No me gustan las despedidas, y menos las amargas que no son elegidas por ninguna de las partes. Supongo que es otra de esas cosas con las que hay que aprender a ser fuerte, y mejor que sea cuanto antes, para no llevarnos un fiasco.
ResponderEliminar(Muuuucha suerte con 2º :)
*Un besito grande*
Muy buena entrada, como siempre.
EliminarCreo que sólo podría destacar un pequeño fallito: "Pero tú llorabas."
Pero sólo te puedo decir: sigue así, mi pequeña soñadora.
Es un texto un tanto duro. La realidad nos hace sacarnos de la fantasía en la que en parte vivimos y eso nos hace sentir mal, nos hace estar en el mundo verdadero..
ResponderEliminarLa realidad, cuando no es agradable, es dura de aceptar. Pero, creo yo, que creer en una mentira es aún peor.
ResponderEliminarBesos agridulces.
Increible. La verdad es dura y cruel, por eso intentamos vivir en nuestras ilusiones aunque acaben rotas y en lágrimas. Sin embargo tenemos que ser conscientes de la realidad. No siempre podemos vivir en nuestros sueños... y lo dice una soñadora perpetua de mete desquebrajada.
ResponderEliminarUn beso enorme. Me encantas :)