Te dejaste cegar por un amor que te
vendía besos y caricias, que te regalaba felicidad embotellada en un frasco del
cual no tenías llave.
Te dejaste llevar por sus ojos verdes
y sus abdominales marcados, pero no supiste ver más allá de aquella sonrisa de
la que creías ser la única destinataria. No, no supiste ver, estabas cegada.
Todas hubiéramos estado cegadas por esa luz traicionera.
Pero los golpes que un día llegaron
juntos con los gritos decidieron darte luz. Los susurros y suspiros del amor
adolescente ya no estaban y en las sábanas en donde tantas noches os dormíais
abrazados, sólo había dolor.
Pero el dolor te hizo despertar de tu
estado aletargado y, como un milagro, aquel que un día te había cegado, hoy te
devolvía la visión.
Hiciste la maleta y saliste de casa,
abandonando a aquel que te había tenido presa como un rehén, como algo que no
volverías a permitir.
Hay que saber diferenciar el amor de la obsesión. Existen relaciones tóxicas, y lo mejor es salir de ellas cuanto antes!!
ResponderEliminarAl leer me recordaste a el, ojos verdes, abdominales...
ResponderEliminarLo cierto es que si eso era una prision no era una relacion. El debe quererte y tratarte bien. Hay veces que el amor nos ciega, pero debemos de ser egoistas y mirar por nuestro propio bien si solo sentimos dolor. Besos y suerte, triste pero me encanto :)
Tu entradá me pegó. Me recordó a él, es tal como lo describiste.
ResponderEliminarEscribís muy bien!
Me encanta tu blog, te sigo ;)
Te espero en mi mundo.
Un abrazo
Darte contra un muro una, otra, y otra vez. Y así hasta sangrar y seguir.
ResponderEliminarPero llega un momento en que te das cuenta de que por más que sigas el muro seguirá ahí. Así que la próxima vez -sin duda- tendrás más cuidado para no volver a enfrentarte a ese macizo que te hizo daño.
(ay, A., como te entiendo)
besos,
-B.