Respiraban el aire de la ceniza muerta
como si el sonido que precedió a la explosión y a los disparos siguiese
latente.
La pólvora nublaba la vista de
aquellos cuyos ojos habían presenciado los crímenes acaecidos en la
nocturnidad.
Miren tiritaba a causa del frío, pero
lo cierto es que el miedo inundaba su cuerpo. Había visto pasar, caer y llevar
a su hermano y a su padre, ambos, sin vida y con la esperanza arrebatada de
cambiar y mejorar ese país en donde las armas habían tomado el poder.
“Las mujeres serán las últimas” Había
oído decir al general. Quería que sufrieran, querían que viesen que si los
hombres no había sido capaces de vencer a la sentencia impuesta por la
injusticia, mucho menos podrían ellas.
Pero lo que de verdad aterrorizaba no
era la muerte, sino la vida sin motivos y a merced de aquellos militares
armados. Una vida llena de dolor que, ¿por qué negarlo? Sería peor que la
mismísima muerte.
(los pelos de punta)
ResponderEliminarHe muerto con 'Una vida llena de dolor que, ¿por qué negarlo? Sería peor que la mismísima muerte.'
(bravo, bravísimo)
besos
desde
lejos
de
pArís
La muerte es demasiado fácil, como dices, es peor vivir sufriendo. O vivir por nada.
ResponderEliminarBesos-
Qué triste se vuelve la vida cuando la muerte tiene más sentido que ella.
ResponderEliminarUn beso.