30 enero, 2013

Armas acorazonadas


Hubo una vez un tiempo en donde los campos eran verdes y el cielo azul, donde la fuerza y el valor no se mostraban sujetando una pistola y disparando balas sordas a lo largo de aquel terreno lleno de color que, a su paso, se volvía gris y oscuro.
Hubo una vez un tiempo en que las palabras se apreciaban más, en donde la mesura de las sílabas importaba y en donde el corazón si se entregaba, se entregaba de verdad.
No había guerra, tampoco paz.
No había armas de fuego, sino acorazonadas.
Porque en aquella época lo que más daño podía hacerte era igual a aquel órgano que te podía matar.

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