Hugo acababa de llegar del trabajo. Pensaréis, ¿cómo puede tener un coche tan bueno como un Mini y tener un desastre de apartamento? Pues sí, es así. El piso lo había alquilado hacía poco porque era muy barato y se encontraba por una de las zonas que más le gustaban de la ciudad. Apenas le importaba el estado, pues casi nunca estaba en el piso, sólo lo usaba para dormir y poco más. Un tanto extraño, ¿no? Pero Hugo es así…
De pronto suena “Alive” de “The Black Eyed Peas”. Es el móvil de Hugo, alguien lo está llamando. Es ella.
– Hola.
– Hola, ¿Qué tal, hermanito?
– Bien, cansado… acabo de llegar a casa…
– ¿Hoy vienes conmigo?
– ¿A dónde?
– A casa.
– Es que estoy muy cansado… saluda a mamá de mi parte, ¿vale?
– Bueno… vale. Pero la próxima vez te toca venir, me va a dar igual que estés cansado o que estés enfermo. Vendrás.
– Que sí…- se queda pensativo un momento.- Oye, el cumple de Nyarah, ¿no es el viernes?
– Sí, el viernes… por fin.
– De esa no me libro, ¿verdad?
– Pues, no. Parece mentira que seas el mayor, de verdad…. A veces me pones de los nervios…
– Yo también te quiero.
– Grrr…. ¡Chao!
– Habl…- Ya se había colgado.
Siempre tan insoportable, tan resabida, tan perfecta. Ella, su querida hermanita pequeña. Tan sólo dieciséis años y ya se comporta como una adulta. Parece un modelo a seguir, pero a veces es tan… tan… tan… hermana pequeña… No lo sé explicar pero es insoportable. Sobre todo cuando sabes que ella es la preferida, y tú el segundo. Eso sí que no se aguanta.
“Un dúplex en el centro de la ciudad.”
Es la hora de la cena, ella no puede esperar más, tiene que irse, tiene muchísimas ganas de ver a su madre.
– ¡A cenar!
– ¡Un momento papá, apago y voy!- Es una adolescente, que se le va a hacer. El ordenador es un vicio, y sobre todo, internet.
– ¡Apura, que se te enfría!
– ¡Ya voy!- Unos segundos.- Ale, ya.
La cena no es muy apetecible, espinacas con filete de pollo. No es una de las comidas que más le gusta.
– ¿Qué pasa, no tienes hambre?
– Es que… ¡son espinacas!
– Hay que comer verdura, sino acabarás como tu hermano, sin músculos. Mucho cerebro y poco cuerpo no sirve para nada.- Hablaba el padre, el cual había sido marine. Su opinión no contaba.
– Pero es que no me gustan, ya podrías haber hecho… no sé… ¿pisto? Lleva calabacín y pimiento… es verdura.
– Sabes qué no. La que lo hacía era tu…
– Perdón papá, no me acordaba. – Se le había pasado la norma de no hablar de mamá delante de papá. Él no lo había superado.- ¿Sabes qué? Tienes razón… no están tan mal…
No había sido capaz de hacerle hablar, mala señal. Y lo peor de todo, era que él no podía saber nada. Nunca sabría la verdad.
– Papá, esto… me duele la cabeza, me voy a cama, ¿OK?
– Sí, claro. Descansa. Un beso cariño.
– Un beso. Buenas noches.
Todo esto le sabía muy mal, no era justo, él debería saberlo, pero no podía ser.
Ella llegó a su cama, y antes de meterse, se colocó al cuello su llave personal. Una pequeña llave antigua de oro viejo. La parte de arriba simulaba ser las alas de una mariposa, luego, más abajo, tenía dos salientes, uno más grande que el otro. Los dientes de la llave.
Necesitaba estar con ella puesta para poder viajar y visitar a su querida madre.
Cerró los ojos durante un minuto entero y se esfumó, se deshizo, voló a otro lugar. Al país de los sueños, de sus sueños.

:) bonito :)))
ResponderEliminar:O dios, mona me ENCANTA!!
ResponderEliminarvaimee gustando mais,, pero e qe ainda non escribichees moito para poderche opinar, non e como se fora un microrelato
ResponderEliminareso si, desexando saber como continuaa :D