Unos dicen que se construyó para sepultar la cabeza del gigante Gerión, de ahí la calavera del símbolo coruñés; Otros, que fue un capricho de un rey… Pero yo no creo en ninguno de esos, sino en el que me contó mi abuela. Corre una leyenda por toda mi familia, cada generación la va conociendo, para que así no se olvide. Es como uno de esos cuentos que se contaban antes y se transmitían oralmente. Los hermanos Grimm, Perrault y Andersen rompieron la regla. Los escribieron, y eso es lo que estoy haciendo yo ahora. Escribirlo.
Mi abuela me contó, días antes de su muerte, que la torre ocultaba un terrible secreto. Una maldición.
Julius era el rey que gobernaba en ese momento, un gran emperador romano con un gran sentido de la justicia y valor. Él soñaba con tener un hijo, un hijo que lo pudiese suceder en el trono. Pero el problema era que su querida esposa, Galilea, no podía concederle ese deseo.
El rey buscó médicos, curanderos e incluso hechiceras, pero nada, no había solución. Hasta que un día, una mujer llamada Lífisis, apareció en palacio. Decía que era curandera y que podía sanar todos los males.
- ¿Y a mi esposa? ¿Podrá curarla? ¿Podrá darle el don de traer un hijo?
La curandera asintió silenciosa. “Debo advertirle de que no es fácil. Que necesitaré algo más que pócimas y oraciones.” El rey aceptaba todo, un hijo era su mayor deseo y lo iba a conseguir.
Lífisis probó con todo lo que tenía a su alcance, pero no llegó. Buscó y rebuscó en todos sus libros, incluso en algunos de hechicería – bajo el permiso del rey. Un día lo encontró, encontró un hechizo capaz de curar a Galilea, pero tenía sus problemas y peligros.
- Señor, hoy he dado con la cura al mal de su esposa.
- Bien. ¿Necesita algo?
- Primero su permiso para realizar magia.
- Por supuesto.
- Y segundo, necesito un lugar cerca del mar.
El rey, que siempre amó las costas gallegas, pensó en lo que ahora es Coruña. Una vez allí, Lífisis le explicó que tenía que ser un sitio cerrado, con altura y cerca del mar, para realizar el hechizo precisaba ponerse en contacto con Poseidón, dios del mar.
Fue entonces cuando el rey mandó construír la torre.
Llegó el día en que por fin realizarían el hechizo. Fue difícil, el mar no estaba en calma y eso era porque el dios no estaba de buen humor. Pero al final, Lífisis, consiguió convencerle, pero eso sí, a cambio de algo. El niño no podría salir de la torre hasta que cumpliese los dieciocho y sólo podría estar con una persona, la cual tampoco podría salir, y esa era la madre. Galilea.El rey, ciego por conseguir su deseo, aceptó. Nació el niño, Hércules, y Galilea se quedó con él. Ninguno podía salir y nadie podía entrar. Era un trato difícil de cumplir.
Las primeras semanas, Julius lo consiguió. No se acercó a la torre. Pero el cuarto mes después del nacimiento de Hércules, Julius no pudo aguantar. Entró, necesitaba ver a su amada y con ella, a su hijo.
Al principio no ocurrió nada, pero después, al cabo de tres minutos, el rey empezó a envejecer. Su barba se volvía blanca y su preciosa piel joven se volvía vieja, con arrugas y manchas. En tan sólo tres minutos, había envejecido más de veinte años. Pronto moriría.
Después de esto, nadie se atrevió a entrar más en la torre, y la maldición quedó en pie durante toda la vida.
¿Cómo puedo saber que es cierta? Galilea era parte de mi familia, mi tataratatara…abuela.
me gustaaaaa!!!!
ResponderEliminarun beso mona
muuuuy interesante, GRAN relato
ResponderEliminarHola! es interesante :)
ResponderEliminarUna amiga mía me prestará el libro de MDI así que lo leeré pronto XD
Un beso!
encaaantamee !!!
ResponderEliminarpobre herculees :'(
pero e unha historia alternativa e moi imaxinativa
jiji
bikoo parviñaa
Es chuliiisiiimo Anee a mi me ha gustado un montón, lo veo precioso, super romantico =)
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