(En algún lugar en medio de una guerra donde disparas
sin saber a quién ni porqué)
Las llamas inundaban el lugar hostil en el que me
encontraba. Corría para mantener mi vida a buen recaudo, pero entre tanto caos
y destrucción, poco se podía hacer mas que intentar huir.
Huía, era un cobarde que había traicionado a su
propio honor.
Una brisa cargada de valor acarició mi cuerpo
manchado por el barro y mi corazón muerto y sin esperanzas. Alcé la vista en
busca de objetivos, pero lo único que conseguía ver eran humo y sombras.
De pronto algo atravesó la niebla y rozó mi humilde
corazón. Caí.
El mundo me daba vueltas una y otra vez, todo se
distorsionaba y creaba una imagen equivocada de lo que era la realidad. ¿Había
muerto? ¿Había abandonado el mundo cruel en el que había crecido? No, todavía,
no. Notaba las piedras clavándose en mi espalda y un fuerte dolor en el pecho.
-¡Ayuda! ¡Neil, apura, ha recibido un disparo!
Voces alejadas llegaban a mis oídos, pero mis
capacidades sensoriales se veían afectadas pues de pronto, los fuertes estruendos
en el campo de batalla, se habían convertido en sonidos sordos, huecos.
Comencé a notar como la presión y el dolor en mi
pecho desaparecían. Poco a poco iba cayendo en brazos de Morfeo, un viejo amigo
que sabía resguardarme cuando lo necesitaba, pero algo me decía que esta vez no
era así.
Mis párpados se fueron cerrando lentamente.
Observaba, cada vez más borroso, como alguien me gritaba y me sacudía. Ya no
sentía nada.
Y al fin abandoné el mundo, al fin conseguí la
libertad que tanto temía y a la vez, ansiaba.
{fragmentillo de mi proyecto novela: lullaby}