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09 diciembre, 2011

Barbies no, por favor.

Llevaba meses intentando captar la atención de aquel chico castaño y de ojos color café que iba en su clase.
Su cuerpo quería gritar lo que sentía, pero la mente no le dejaba. En definitiva, era como gritar sin que nadie la oyese.
Decidió cambiar de táctica, si ella no le iba a decir nada, que fuese él. Y allí empezó su cambio radical: pasó de llevar bailarinas a ponerse botas de tacón, a ir en minifaldas a clase, a pintarse como si fuese a salir de copas por la noche, a comprarse ropa de marca y a empezar a hablar con el tan odioso “o sea”.
Pasaron meses, y la situación seguía igual: ella se quedaba embobada mirando para él, mientras que el chico pasaba de ella. Un día se cansó de esperar lo que posiblemente no fuera a recibir.
-¿Por qué no te gusto?-Le espetó.
-Yo…
-Tengo que gustarte, soy guapa, visto bien, o sea, que soy perfecta.-Le interrumpía ella.
-Ya, pero…
-Pero, ¿qué? Tengo que gustarte, ¿vale? ¿Qué más tengo que hacer?
-Marga, no todo va en el físico. A mí, sinceramente, las barbies, pues como que no, no me gusta jugar con muñecas.
(Falta añadir que antes de que ella iniciara su barbie transformación, había un chico castaño y de ojos color café que no podía parar de mirarla embobado)

19 julio, 2011

Te equivocas, como todos los tíos

 
Los dos se han quedado solos en los últimos asientos del bus. Es una noche fría de verano. Ells tiene frío y él, como un caballero, le cede su chaqueta.
-Gracias.-Sonríe ella.
-De nada.- Él responde con una mirada dulce y profunda. Es el momento. Ahora o nunca. Se acerca un poco más y le agarra de la mano.
-¿Mejor?
-Mucho.
Y se besan. Así de simple, dos cuerpos atraídos por una fuerza mayor que la razón. Un beso corto pero dulce y cariñoso. Se miran y ella, cohibida, suelta su mano y mira al frente, evitando el contacto visual.
-Lo siento, he sido un imbécil. Olvídalo, ¿vale? No sé cómo he podido pensar que tú...
-Marcos, eres tan imbécil que crees que no me interesas.


01 mayo, 2011

No sabe mentir

Ambos se esconden, se refugian en un pequeño parque, un lugar verde, un lugar suyo.
El cielo es gris, pero no les importa, pues ellos, con sus sonrisas mutuas, alegran los alrededores.
De pronto suena un móvil, Clara contesta nerviosa, es su madre:
-¿Si?-(...)-Hola mamá.-(...)-Sí...estoy aquí con Paula.-(...)-Sí, hemos bajado a dar un paseo, ¿por?-(...)-Sí, sí, a las ocho, claro.-(...)-Un beso, adiós.
El chico la mira con curiosidad.
-¡Qué mal mientes!
-¿Yo? Sí, lo reconozco, también miento mal al decir que no me gustan tus besos.

05 febrero, 2011

Ella es la única capaz de separarnos.

-¿Temes a la muerte?
-¿Qué?-Dice él asombrado, no se esperaba esa pregunta.
-Sí, bien me has oído.
-Pues...nó sé, nunca me había parado a pensar en ello, pero supongo que sí. Ella es la única capaz de separarnos.

21 enero, 2011

No necesito confirmar nuestro amor

El escenario era perfecto. Una noche estrellada en un campo alejado del molesto ruido de la ciudad. Desde la colina se podían ver, a la perfección, cómo las luces de la urbe formaban una colorida vista.
―Vanessa, todo es maravilloso entre nosotros. Sólo la amargura de una diós podría separarnos.
―¿Por qué hablas como en una peli de época?―Se ríe, pero Marco no le hace caso y continua con su discurso.
―¿Y qué, si la poesía invade mi cuerpo?―Ambos intercambian una sonrisa―Vanessa, creo que ha llegado el momento de anunciar nuestro amor. De hacerlo real. De convertir este sueño en algo más que una siesta.―Él rebusca algo en su bolsillo mientras ella abre sus ojos como platos. La pregunta tan esperada y a la vez, temida.―¿Quieres casarte conmigo?
No lo duda ni un segundo. Su respuesta es clara.
―No. Yo no necesito que un cura confirme nuestro amor. Creo en nosotros.

13 enero, 2011

Nunca digas en alto tus deseos o no se cumplirán

―¿Ves esa estrella de allí?
―Sí.
―Pide un deseo y se hará realidad.
―¿Y qué pasa si ya se ha cumplido?
―¿Qué has pedido?
―Si lo digo, perderá la magia y se dejará de cumplir.
―En ese caso guárdatelo para siempre. No quiero separarme de ti nunca.