Llevaba meses intentando captar la atención de aquel chico castaño y de ojos color café
que iba en su clase.
Su
cuerpo quería gritar lo que sentía, pero la mente no le dejaba. En definitiva,
era como gritar sin que nadie la oyese.
Decidió
cambiar de táctica, si ella no le iba a decir nada, que fuese él. Y allí empezó
su cambio radical: pasó de llevar bailarinas a ponerse botas de tacón, a ir en
minifaldas a clase, a pintarse como si fuese a salir de copas por la noche, a
comprarse ropa de marca y a empezar a hablar con el tan odioso “o sea”.
Pasaron
meses, y la situación seguía igual: ella se quedaba embobada mirando para él,
mientras que el chico pasaba de ella. Un día se cansó de esperar lo que posiblemente
no fuera a recibir.
-¿Por
qué no te gusto?-Le espetó.
-Yo…
-Tengo
que gustarte, soy guapa, visto bien, o sea, que soy perfecta.-Le interrumpía
ella.
-Ya,
pero…
-Pero,
¿qué? Tengo que gustarte, ¿vale? ¿Qué más tengo que hacer?
-Marga,
no todo va en el físico. A mí, sinceramente, las barbies, pues como que no, no
me gusta jugar con muñecas.
(Falta
añadir que antes de que ella iniciara su barbie transformación, había un chico
castaño y de ojos color café que no podía parar de mirarla embobado)