Ella
agarraba fuerte su guitarra y suspiraba notas rasgadas por cuerdas rotas que un
día habían sido tocadas por púas inapropiadas para la delicadeza del
instrumento y de su dueña.
Lloraba,
las lágrimas caían por sus mejillas y lo único capaz de ocultarlas eran sus
rizos alborotados por la humedad.
Fueron
varios los que se le acercaron interesados por ayudarla, pero ninguno recibió
contestación alguna. Hacía ya tiempo que había renunciado a todo. Hubo una
época en que su voz brillaba y era querida por todos, una época en la que no
había tenido miedo a hablar desde su interior, pero le habían hecho daño y le
habían arrebatado la voz dulce y cantarina que un día acompañó a su guitarra. Y
ahora estaba ella, derrumbada, agarrando con fuerza lo que más miedo le daba
perder ahora, lo único que le quedaba en esa noche fría de invierno.
O yo estoy muy sensible o quieres hacernos llorar.
ResponderEliminarQuerida A., es tremendamente triste y brillante.
muchos
besos
Pobre, qué triste. Aunque igual lo que menos necesita es compasión.
ResponderEliminarUn beso.
Buuuaf, que texto más triste jope :(
ResponderEliminarPobrete! :(
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